martes, 11 de julio de 2017

11 DE JULIO


ANTONIA
Nieves Concostrina
2014



El día de Reyes de 1930 nació Antonia en la castiza calle del Águila de Madrid. La Juana tenía casi cuarenta años cuando trajo al mundo a su primera y única hija, una criatura tan rolliza como las coliflores que despachaba en el mercado de Santa Isabel.
Así llegó al mundo la protagonista de esta novela, la primera que ha escrito Nieves Concostrina, en la que — hace un justo homenaje a la generación que sobrevivió a la guerra y la posguerra entre la picaresca, la miseria y los trapicheos.
 Antonia es una más de los cientos de miles de españoles que no conocieron el bienestar hasta los años sesenta; héroes y heroínas anónimos que se dejaron la piel para que sus hijos no sufrieran su misma historia. Esta es la vida de una mujer que pasó de tener la calle como única escuela a jugar en Bolsa a los setenta años.

Aunque nació el día de Reyes tuvo el peor regalo porque llegó al mundo en la España del año 1930. Antonia es la madre de Concostrina y podría ser cualquiera de esas mujeres más fuertes que un roble que abundan por estas tierras. Duras como el hormigón por más peso que caiga sobre sus espaldas. Son las mujeres de una generación que correteó por los previos de una guerra infame, de la que tanto se ha escrito y que nunca se acaba de contar. Nieves Concostrina la cuenta con personas anónimas. Del montón. Y tan dignas como su número, oculto entre la miseria y la picaresca a la que obligaba el momento. Todo un homenaje de esos “normales”, de un montón que merece infinitos monumentos que no se han erigido. Lo más valioso del trabajo de Concostrina es exponerlo con envoltorio divertido, con lenguaje lleno de humor, retranca y guasa aunque los dramas estén en cada rincón de calles y casas que fueron escuela, donde el bienestar era una palabra que la mayoría no sabía pronunciar porque no sabían que eso existía. 
Las circunstancias mandaban y el «sálvase quien pueda» primaba para respirar al día siguiente. Y si podía ser, con el estómago lleno de algo caliente. 

En una entrevista contaba cosas como estas:

"Es una más de los cientos de miles de españoles que no conocieron la tranquilidad hasta los 60, se dejaron la piel para sus hijos no sufrieran su historia", comenta la autora sobre su primera novela, que en realidad, empezó por un diálogo real. 

- ¿Cómo vas a contar que he estado en la cárcel y que me pasaba días sin comer? Se va a enterar todo el mundo, pero qué vergüenza. 

- Antonia, yo no siento vergüenza de tu historia, siento admiración. 

Hay una verdadera Antonia que alimenta esta novela, retrato de una época en la que las mujeres "eran auténticas buscavidas". "Eran dóciles porque el analfabetismo les impedía defenderse, pero el conocer sus carencias las ayudó a superarse".

"Llevaba años oyéndola contar las historias de su infancia, la guerra, la posguerra, el hambre, la misera... De muchas cosas que le ha pasado al 80% de este país. Antonia es mi madre. No ponía en perspectiva las cosas que contaba cuando yo era joven. Con el paso del tiempo, ves que eso es la memoria histórica cotidiana de la gente. Era una historia que merece ser contada. Antonia es mi madre pero también es la madre de los cincuentones y sesentones y es gente que está entre nosotros todavía. Toda la gente que pasó por eso está aquí y debemos escucharles. No siempre tiene que haber un asesinato, un enigma por el medio para que haya que escribir un libro.

En la búsqueda de información me he topado con un artículo de Juan Tortosa que me gustaría que leyerais. Que cada cual saque sus conclusiones. Os dejó los últimos párrafos para abrir boca.

Los pactos de la Transición marcaron un camino que dejó muchas preguntas sin contestar, muchas dudas sin resolver y demasiadas canalladas impunes. Ahí está, sin ir más lejos, esos ciento cincuenta mil cadáveres que, para nuestra vergüenza, permanecen aún en las cunetas. ¡Ay, ese bluff llamado ley de memoria histórica!
Celebro la valentía de Antonia al aceptar, no sin cierta desazón, que se perpetúen en letra impresa detalles personales de su vida que tanta gente de su edad se negaría en redondo a hacer públicos. La valentía de Antonia y la habilidad de Nieves Concostrina para construir con esa historia un relato que está pidiendo película ya. A ver si hay algún director que se atreva a homenajear la excelente memoria de Antonia con un largometraje dedicado a la mayor honra de nuestra memoria colectiva.





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